Manuel Martín Bueno
Me ha embargado la tristeza, desde hace unos días, durante mi largo viaje por carretera de Ginebra a Madrid, por la inaceptable y seca noticia del fallecimiento temprano e inesperado (al menos para mí) de Manuel Martín Bueno, catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática en la Universidad de Zaragoza hasta su jubilación hace unos años y emérito después, amén de profesor de otras universidades españolas y extranjeras, una personalidad singular, entrañable y de una capacidad innata para el optimismo, la proactividad y la superación fuera de lo común, amén de pionero de la arqueología subacuática española, que ejerció incluso en una expedición antártica, patrocinada por Petronor -junto con el amigo también prontamente llorado, Jesús Liz-, al menos hasta que el corazón le dio algún aviso severo. El profesor Martín Bueno es autor de una bibliografía arqueológica inmensa, pero yo quiero recordar a la persona.