La rana y el escorpión
Uno no ha nacido para profeta, evidentemente. Intentar analizar racionalmente, o prever, el desarrollo de los acontecimienos que vemos en el Golfo es cuestión que está de más y revela una gran ingenuidad e ignorancia por mi parte. En realidad, todo era mucho más simple. La decisión estaba tomada desde diciembre, había que escenificar negociaciones para ganar tiempo (estos portaviones ¡son tan lentos!) porque la razón de Israel y su gobierno es la que cuenta y lo que dice Netanyahu va a misa (o al Shabbat, para ser culturalmente respetuosos). Trump ha elegido lo que no le quedaba más remedio que elegir. No en vano le dio la Sra. Adelson 100 millones de dólares para su exitosa campaña a la Casa Blanca. Cuando alguien suelta pasta a lo grande, luego llama a capítulo, antes o después, y hay que formar filas. Con un Congreso que oscila siempre entre el temor al AIPAC y la traición a sus representados electores, no es de extrañar que acaben callando o, en cierto momento, levantándose a aplaudir entusiastas para recibir en doble cámara a un criminal de guerra y genocida: American democracy, the best democracy money can buy!, como dijo un clarividente cuyo nombre no recuerdo.