Fragatas, fragatas
Fragatas, fragatas... llevo dos días pensando en fragatas. Primero, al escuchar al Secretario de la Guerra estadounidense, ese individuo de pelo engominado y chaqueta dos tallas menos, como la mayoría de los reaccionarios pecho lobo del planeta, que, al escucharlo uno hablar, piensa sombríamente en cómo Madre Naturaleza ha podido engendrar un homínido semejante, combinación letal de imbecilidad y maldad genuinas, tanto que tienta pensar si formará parte de la especie Homo Sapiens o si es producto accidental de algún callejón sin salida de la genética evolutiva.