Zapatero: presunción de culpabilidad
En un país en el que la Justicia tiene más velocidades que un coche de Fórmula 1, en el que algunos abogados del Estado se pasan a la privada en cuanto tienen una experiencia monetizable en el sector, y se dedican a minar las arcas del Estado al que antes defendían, en el que ex políticos de todo pelaje pueblan profusamente los consejos de administración de empresas estratégicas, en el que el novio de una dirigente en activo se forra a comisiones en medio de una alarma de salud general y, una vez afeada su conducta, lamina al jefe de la oposición y luego manda al paro al Fiscal General del Estado, nada menos, en el que un delincuente de la peor catadura, que ha estafado al erario público más de 200 millones de euros mediante una trama de desfalco del IVA, tras obtener una certificación para el comercio de hidrocarburos, ahora se pasea por los platós de televisión e incluso baila en la Feria de Sevilla, y lanza soflamas e incluso acusaciones a lo más alto del poder del Estado sin ton ni son, carente del menor sonrojo, con la complicidad total de la fiscalía pública, héteme aquí que en este país se ha descubierto que un político y ex primer ministro monetiza su experiencia y contactos y se lleva (indiciariamente) un pelotazo del 1% (¡ay, qué no hará uno por la familia!) tras cabildear en favor de un préstamo necesario para salvar a una compañía que imagino que no es precisamente la niña bonita de Iberia pero que ayuda a que emigrantes latinoamericanos de todo origen y economía puedan ir de vez en cuando a ver a sus familias a precios razonables, en este país, donde los políticos legislan con un ojo puesto en su jubilación (como en la mayor parte de la Europa comunitaria), se ha descubierto, como en la película Casablanca, que "¡aquí se juega!". ¡Oh, sorpresa!, y además, "¡juegan los de izquierda también" "¡Intolerable!" "El Gobierno tiene que caer!".