Uno no ha nacido para profeta, evidentemente. Intentar analizar racionalmente, o prever, el desarrollo de los acontecimienos que vemos en el Golfo es cuestión que está de más y revela una gran ingenuidad e ignorancia por mi parte. En realidad, todo era mucho más simple. La decisión estaba tomada desde diciembre, había que escenificar negociaciones para ganar tiempo (estos portaviones ¡son tan lentos!) porque la razón de Israel y su gobierno es la que cuenta y lo que dice Netanyahu va a misa (o al Shabbat, para ser culturalmente respetuosos). Trump ha elegido lo que no le quedaba más remedio que elegir. No en vano le dio la Sra. Adelson 100 millones de dólares para su exitosa campaña a la Casa Blanca. Cuando alguien suelta pasta a lo grande, luego llama a capítulo, antes o después, y hay que formar filas. Con un Congreso que oscila siempre entre el temor al AIPAC y la traición a sus representados electores, no es de extrañar que acaben callando o, en cierto momento, levantándose a aplaudir entusiastas para recibir en doble cámara a un criminal de guerra y genocida: American democracy, the best democracy money can buy!, como dijo un clarividente cuyo nombre no recuerdo.
Los iraníes han reaccionado como harían los persas, y ello debería preocupar a toda la región. La decisión de bombardear bases americanas es un aviso a los dirigentes de los países que las acogen, y de esto debería también tomar nota España. Las bases americanas han empezado a dejar de ser, desde hace años, parte de una escenificación simbólica del poderío imperialista de la Roma de hoy (los EEUU), ahora son una fuente de peligro y de fricción, y los quebraderos de cabeza que dan no compensan los puestos de trabajo y la asistencia militar que proporcionan. Al atacar a los países del Golfo, parecería que Irán indica claramente que esto no es un conflicto entre Israel e Irán. En realidad, es un sorpasso de Israel, considerado un proxy relevante, pero poco más. Detrás está además la idea estratégica de diezmar los arsenales de misiles antibalísticos. Dicen los generales iraníes que sus misiles de verdad, los poderosos, están por llegar. ¿Bravatas típicas de la retórica grandilocuente de un régimen arrinconado? Vaya usted a saber.
Todo esto, en el fondo, va contra China, y lo único que me produce una gran curiosidad, porque de este espectáculo de bombardeo, genocidio y destrucción uno ya está casi curado de espanto, por haberlo visto ya desde los 90 (no olvidemos otro genocidio, ya olvidado, el de Iraq y sus sanciones criminales, con la bendición de la comunidad de vecinos internacional) es comprobar hasta qué punto los chinos se dejarán quitar progresiva e impunemente la alfombra energética de debajo de los pies. Esperemos que China, de momento, no despierte (ni menos a una tentación intervencionista bélica), como presagiaba aquel bestseller viejuno de los 70 de Larry Collins y Dominique Lapierre, porque ese choque de titanes puede ser el caos de verdad, a nivel planetario. Los americanos harían bien en poner a Israel en el frigorífico estratégico, volver a tender puentes con naciones de todo tipo, dejarse de aventuras militaristas descabelladas y darse cuenta de que no podrán arrinconar a China, una nación autárquica de cinco mil años de paciencia que tiene ahora en sus manos los hilos de la economía y las materias primas de medio mundo, incluyendo la capacidad para hundir la economía americana, incluida su moneda, en un chascar de dedos.
Pero, ¡ay!, los americanos se han dejado embarcar en otra aventura de Netanyahu en su huída hacia adelante y, como en el cuento de la rana que se deja convencer por el escorpión para cogerlo a sus lomos y pasarlo a la otra orilla, solo para ver como este le pica en mitad del río y perecen los dos, su único consuelo será escuchar al escorpión exclamar, antes de ahogarse con ella, por toda explicación: "I can't help it, it's in my nature!"* *("No lo puedo evitar, está en mi naturaleza", o en mi ADN, como ha dicho alguien recientemente).
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