Zapatero: presunción de culpabilidad

Publicado el 22 de mayo de 2026, 19:13

En un país en el que la Justicia tiene más velocidades que un coche de Fórmula 1, en el que algunos abogados del Estado se pasan a la privada en cuanto tienen una experiencia monetizable en el sector, y se dedican a minar las arcas del Estado al que antes defendían, en el que ex políticos de todo pelaje pueblan profusamente los consejos de administración de empresas estratégicas, en el que el novio de una dirigente en activo se forra a comisiones en medio de una alarma de salud general y, una vez afeada su conducta, lamina al jefe de la oposición y luego manda al paro al Fiscal General del Estado, nada menos, en el que un delincuente de la peor catadura, que ha estafado al erario público más de 200 millones de euros mediante una trama de desfalco del IVA, tras obtener una certificación para el comercio de hidrocarburos, ahora se pasea por los platós de televisión e incluso baila en la Feria de Sevilla, y lanza soflamas e incluso acusaciones a lo más alto del poder del Estado sin ton ni son, carente del menor sonrojo, con la complicidad total de la fiscalía pública, héteme aquí que en este país se ha descubierto que un político y ex primer ministro monetiza su experiencia y contactos y se lleva (indiciariamente) un pelotazo del 1% (¡ay, qué no hará uno por la familia!) tras cabildear en favor de un préstamo necesario para salvar a una compañía que imagino que no es precisamente la niña bonita de Iberia pero que ayuda a que emigrantes latinoamericanos de todo origen y economía puedan ir de vez en cuando a ver a sus familias a precios razonables, en este país, donde los políticos legislan con un ojo puesto en su jubilación (como en la mayor parte de la Europa comunitaria), se ha descubierto, como en la película Casablanca, que "¡aquí se juega!". ¡Oh, sorpresa!, y además, "¡juegan los de izquierda también" "¡Intolerable!" "El Gobierno tiene que caer!".

Sería para morirse de risa, si no fuera porque el espectáculo es bochornoso, casi nauseabundo. Un ex ministro de hacienda, famoso por su feroz enfoque de la represión del delito fiscal y la cuantía exorbitante de las multas que imponía (ya declaradas ilegales por un tribunal europeo), pero que (indiciariamente) vendía modificaciones de la ley a gusto del consumidor, está inmerso en un proceso cuyo sumario lleva declarado secreto más de 7 años y aquí no pasa nada. El proceso a Pujol se inició hace 15 años, y todavía colea. Por no hablar de la Kitchen y otros casos, que pasan ahora por caja bajo el intenso ruido mediático de la prensa subvencionada y engrasada para desviar la atención de esos procesos y multiplicar la que atañe a los otros. En los casos que afectan al partido de la oposición, la fiscalía más pareciera la defensa que otra cosa, y los jueces descartan sin pestañear indicios que son pruebas escandalosas de delito: M.Rajoy. "¿Quien será? Imposible saberlo con los datos que tenemos." Y a otra cosa mariposa. Hay que tener culo de hierro para ser juez de determinadas instancias judiciales, convertidas en arena política por el pulso de ambos partidos mayoritarios por ver quién respeta menos la independencia judicial. Cuotas, eso sí que es la especialidad española, herederas directas del cambalache entre partidos que caracterizó a la Transición. Ahora mismo, las cosas están así: en el Tribunal Supremo, gana la oposición, en el Tribunal Constitucional, gana el Gobierno actual. Procurarse justicia, cuestión de suerte (y de dinero, claro). Depende del lado en que caiga la moneda.

Decía mi madre, que en paz descanse, tras 45 años de trabajar de administrativa en un ministerio, precisamente el del ministro ahora en graciado tiempo de descuento en razón del arrastrar de pies de la UCO y el aparato judicial, que en "este mundo, cuando te portas mal y cantas las verdades, te aplican el reglamento". Y qué razón tenía. No dejo, por otra parte, de acordarme de las impresionantes declaraciones de un juez argentino, cuyo nombre he olvidado, que decía aquello de "ser juez es macanudo, jodés a los enemigos, ayudás a los amigos y con el resto hacés justicia." Uno, que no es jurista, lee el auto del juez Calama y se queda impresionado por el lenguaje empleado, nada recatado en el uso de un vocabulario más propio de una sentencia que de un auto de exposición de indicios de delito y de motivos por los que se le declara imputado. "Líder de una trama criminal", ahí es nada, y no una vez sino varias. Y el juez es ponderado por su minuciosidad y su respeto riguroso de la letra de la ley. Hipnosis colectiva.¡Cuán importante es el lenguaje! Lo dice ya todo. Ese auto, traducido al lenguaje MAR, que es lengua koiné para entenderse en el Madrid insurrecto y reaccionario, quiere decir, ni más ni menos: "Zapatero, vas P'alante". Y así será. Y rápido.


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