Fragatas, fragatas... llevo dos días pensando en fragatas. Primero, al escuchar al Secretario de la Guerra estadounidense, ese individuo de pelo engominado y chaqueta dos tallas menos, como la mayoría de los reaccionarios pecho lobo del planeta, que, al escucharlo uno hablar, piensa sombríamente en cómo Madre Naturaleza ha podido engendrar un homínido semejante, combinación letal de imbecilidad y maldad genuinas, tanto que tienta pensar si formará parte de la especie Homo Sapiens o si es producto accidental de algún callejón sin salida de la genética evolutiva.
Habla, henchido de orgullo, de cómo un submarino estadounidense torpedeó y hundió, sin los avisos de rigor en el derecho del mar y sin verse amenazado, a 40 millas de la costa de Sri Lanka, la fragata iraní Iris Dena, un navío que venía de realizar maniobras conjuntas en el Índico con, entre otros muchos países, los EEUU. No solo eso, sino que abandonó el lugar después, tras causar más de 80 muertos entre la tripulación, sin prestar asistencia a los marineros supervivientes, como es normativo en la ley del mar, unos náufragos que la guardia costera Srilankesa consiguió recoger, una treintena al parecer, y llevarlos a tierra firme para ser tratados de sus heridas y quemaduras. Al parecer, otra fragata ha podido refugiarse en puerto de ese país, que tiene más sentido común y decencia que la superpotencia. El señor Pete Hegseth (https://observer.co.uk/.../us-war-secretary-hegseth...), que tiene por si fuera poco medio apellido de un dios egipcio de muy mal fario, afirmó que "el navío se creía seguro en aguas internacionales" y remató teatralmente la hazaña afirmando: "¡Quiet death!", aclarando después que la Armada iraní yace en el "fondo del océano". De la banalidad del mal a la imbecilidad del mal, la Humanidad progresa.
Luego, ya en modo patria, vuelvo a escuchar, tras haber aplaudido como un pingüino en parada nupcial la valiente postura del presidente Sánchez de oposición a la guerra ilegal de Trump y su particular mentor en materias de genocidio, que al día siguiente, tras reunirse la melíflua y siempre enigmática Sra. Ministra de Defensa con el embajador de los EEUU, se da órdenes a una fragata para que leve anclas en dirección a Chipre para no se sabe qué exactamente. Al parecer, un par de drones estuvieron a punto de caer por allí, y ello ha servido de excusa para que los países que mandan en la UE puedan echar una mano a los desencadenantes de esta guerra estúpida sin parecer que lo hacen. Pura farsa, en la mejor línea tartufista à la française, a la que la ciudadanía está ya más que acostumbrada. No pude dejar de recordar el reciente caso de la última flotilla de Gaza y cómo se mandó también otra fragata al fondo del Mediterráneo (quiero decir al último rincón), no sé si la misma, para que diera protección a los flotilleros, una fragata que acabó siendo el Don Tancredo lejano y mudo de su aprensión y secuestro a Israel en aguas internacionales. ¿Por qué no dejar las fragatas quietas y centrarse en lo importante, que es denunciar la guerra y llamar a consultas, no al embajador del país agredido, como se ha hecho, sino al de los EEUU, en vez de invitarlo a tomar té con pastas, dando ocasión de que la diplomacia pase por connivencia, pasteleo y colaboración vergonzante?
Decían los agricultores en tiempos, que había bueyes que lo que araban con las patas delanteras lo estropeaban con las traseras, y debía ser cierto, nadie conoce a los bueyes como los campesinos. Las posturas firmes son loables y dignas de aplauso, pero la cal y la arena, mejor dejarlas para la construcción de las miles de viviendas sociales que necesitan los jóvenes, españoles y no españoles.
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