Un daño colateral de esta horrenda tragedia ferroviaria es, sin duda, la dimisión del ministro Puente y la pérdida para la vida política del país de un excelente político y buen ministro. Muchos le acusan de faltón y buscagresca, pero yo creo más que bien que buena parte de su aparente ferocidad, vehemencia dialéctica, en realidad es no es sino justificada reacción a la oposición mastuerza, incompetente y ultramontana que ha tenido delante, y a cuyos desmanes parece que el país se ha acostumbrado resignadamente.
Tras escuchar ayer la integridad de su comparecencia, es difícil no acabar impresionado por la vehemencia, la oratoria, la inteligencia y la talla política de este señor, tan odiado por la oposición y buena parte del respetable, esa que parece que ha acabado por creer a pies juntillas que el Sr. Puente merodeaba ese fatídico día con tenazas y destornilladores por la vía Madrid-Sevilla, dispuesto a causar esa tremenda, espantosa mortandad recurriendo a su propia industria. Su elegancia al no buscar su permanencia cesando al director de ADIF (que acaba de dimitir), responsable directo del tráfico ferroviario y sus incidencias, no pasa desapercibida. Las explicaciones concienzudas que dio (en las que eché a faltar una referencia al tremendo cartel empresarial que controla y maneja la contratación de la obra pública en España y la incuestionada calidad de las realizaciones de ese cartel, ejecutadas a precios imbatibles por extratosféricos, como sobre la responsabilidad de esas empresas en los casos de corrupción) y el panorama que trazó de la situación general del ferrocarril español no pudieron ser más vívidos (y desalentadores), ni su autoridad implícita sobre la sala más total, sin olvidar el rapapolvo a la oposición, que acabó más bien mohína y con el rabo entre las piernas, al ver que sus retóricas peticiones de dimisión habían sido atendidas, el peor escenario de todos los imaginados. Frente a una oposición del PP que traía un discurso ritualizado, tremendista, faltón y carente de cualquier mesura o ecuanimidad, cosa disparatada a todas luces, por tratar de echarle sobre sus hombros los más de cien muertos de los dos accidentes, -cuyas caprichosas y evitables causas últimas llegamos a columbrar en razón de sus explicaciones y los datos de todo tipo que manejó-, salió airoso del trance parlamentario, entre aplausos y abrazos de propios y ajenos, y gozando del respeto de cierta audiencia sensata, que la hay. Frente al exabrupto y la explotación de la desgracia ajena hubo preparación y datos, así como reflexiones finales de mucho calado sobre el país y la situación política. Sobre la complejidad, la némesis de cualquier populismo. Pero el Sr. Puente es también la bestia negra de la oposición, que tendrá sus razones.
De VOX, para qué hablar. Causa pasmo ver de qué manera sus intervenciones están barnizadas de brochazos de furia y de odio inexplicables, como procedentes de cuentas fratricidas de otro tiempo, ya superado. Daría la impresión de que los parlamentos de VOX en el Congreso son poco menos que eructos, salivazos o puros exabruptos, de los que se alejan tras ser proferidos broncamente, como huyendo de la bajeza e indignidad que exhala su propia mercancía populista y engañosa, hecha de saldos. Si hay alguien que arroja despropósitos sobre la audiencia como lamentando no poder tirarle piedras, se entiende que su instinto sea hacer después mutis por el foro, a la francesa, y abandonar luego el hemiciclo dignos y asqueados a partes iguales, dejando a quienes escuchan entre horrorizados y estupefactos. Su público no esta allí. Sus ex-dirigentes, que han abandonado el partido gota a gota, bronca a bronca, afirman que es una cloaca: ellos sabrán lo que han visto de sus entretelas. ¿Es acaso democrático un partido cuya portavoz parlamentaria se limita a hablar con ceño e indignación sempiternos y abandona la sala, rodeada de sus desvaídos diputados, nada más hacerlo, dejando ver a las claras su desprecio por el diálogo, la escucha, la convivencia y el respeto democráticos, imprescindibles en sede parlamentaria? ¿Ya no se puede ni escuchar al otro? Hay tantos ejemplos y tan lamentables... Pienso a veces que el gran error del Gobierno ha sido no haber buscado resueltamente la apertura de un proceso de ilegalización de este grupo o secta por contrario a la Constitución y la ley, exigiendo además la auditoría de sus cuentas y de su financiación, así como poniendo el foco en la permeabilidad entre el partido y su fundación, entre los que parece interponerse el insondable bolsillo de su farruco líder. Pero parece cundir la idea de que el solo hecho de que la gente vote a un partido es prueba suficiente de su constitucionalidad. Claro que, con un alzamiento judicial como el que impera actualmente en el seno más recóndito del Estado, poco se hubiera conseguido. Pero es bien triste, se me ocurre, que ahora que la marejada del trumpismo y del autoritarismo empieza a retroceder y deja espacios para que circule el oxígeno democrático y se avistan luces, al fondo de este túnel oscuro de acoso a la inteligencia y subversión sucia del orden constitucional, que permitan la vuelta del imperio de la ley y el derecho internacional, España esté disponiéndose a emprender el camino de ida hacia ese orden desconocido, distópico y de resultados más que cantados, que ahora se ve claramente que es vía muerta en cualquier intento de solucionar o poner remedio a los complejos problemas generados por la aceleración del neocapitalismo voraz, los efectos indeseados de la mundialización, el trumpismo y el tecnofeudalismo de los terratenientes digitales planetarios, y sobre todo, para cerrar la brecha creciente entre ricos y pobres.
Hace falta algo más que machitos de pelo en pecho y líderes de penosa capacidad, detectable sobre la marcha, y peores compañías. Política y territorialmente, incluso paisajísticamente, España no es Galicia, cosa que ignoraron Franco, Fraga y otro buen puñado de estadistas procedentes de esa región de belleza incomparable, ahora Feijóo. Este es un país complejo y requiere mentes complejas. El contraste entre el dimitido Sr. Puente y los ministros con ángel de la guarda, con su policía política, su acoso judicial y sus innumerables casos de corrupción es de los que hacen caer el alma a los pies. Esa no es la España que anhela la mayoría del pueblo español. ¿Quieren resucitar las tensiones territoriales, ahora que han remitido? Da miedo escuchar a Ayuso volver una y otra vez con sus referencias al terrorismo, como si fuera una época dorada, que provoca nostalgias. Por no hablar de los bendodos, las cayetanas, los mazones, los tellados y otros elementos, gente aparentemente sin oficio ni beneficio que se han topado felizmente, bien con el cuerno de su abundancia, bien con la gasolina de sus venenosas obsesiones retrógradas. No nos engañemos: detrás de toda esta idea de "limpiar España" (Cayetana dixit) y de "devolver la decencia" (Feijóo, ¡qué sarcasmo!) solo hay cuentas de resultados, nada más. Dinerito tintineante, música para los oídos. No lo podemos permitir, y el día 29 tenemos una ocasión para evitarlo. Pese a todo. Con exigencia y rendición de cuentas. Con un Partido Socialista y una izquierda, a su izquierda, cabal, deteminada y unida, que mire por el bien de todos y deje de aspirar a ser cabeza de ratón. El gato, atención, ya se relame.
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