Yo...¡SIGO!

Publicado el 4 de octubre de 2026, 18:31

Al fin Junts ha conseguido lo que andaba buscando hace tiempo: una moción de censura sin el trago de una moción de censura codo a codo con la derechona irredenta del 155, una estrategia que tal vez piensan que les permitirá adquirir de nuevo una posición clave de partido bisagra frente al nuevo gobierno PP-VOX, que presumiblemente está al caer, para alborozo y respiro de las derechas febriles, que por fin llegan al baño y lo encuentran abierto de par en par tras haber pasado tres años en el ascensor electoral, retorciéndose de dolor de vejiga a estallar que me meo que me meo la Moncloa toda.

No sé si Junts van a tener muchos diputados en el futuro con los que jugar al mismo mus que han practicado durante esta legislatura que ya boquea sin remedio o si, por muchos que tengan, serán necesarios. Quizás ahora su suelo sea menor que 7 diputados, mínimo ya histórico respecto a CiU. El exiliado de Waterloo parece jugar, desde su soledad y su exilio insomne, cual personaje de Orson Wells en su castillo de naipes del Tarot, al que le condenó su prudente fuga, la carta de la radicalidad, y los diputados que rodean a Miriam Nogueras, que encarna esa radicalidad a la perfección, con mandíbula de hierro, aparecen cada vez más desdibujados, casi sombras, sin saber adónde conduce todo aquello. Da la impresión de que Junts se encuentra en una tesitura parecida a la del PP, que a fuerza de querer competir con VOX en su terreno corre el riesgo de que los votantes acaben prefiriendo el original a la copia, en este caso Aliança Catalana (segundo partido de Cataluña ya en las encuestas), que pega duro al parecer en el agro catalán. Tener una diputada dedicada a la gestión de patrimonio inmobiliario también ayuda, imagino, a tomar decisiones razonadas. Quizás a Junts les convendría esperar un poco y no precipitarse pensando que el exiliado de Waterloo está ya en casa. El poder judicial ha demostrado tener resortes para dejarlo allí unos años más y para mucho más, por no hablar de los votos que su alejamiento de Cataluña proporciona a ciertos partidos. Pero bueno, siendo justos, también hay que agradecerle a Junts que hiciera posible el Gobierno de coalición, pensará alguien, probablemente con razón. La política es muy complicada, y la española endiablada.

En ERC quizás piensan que Rufián y su mentor Tardá se han dejado contaminar un poco demasiado por su vocación progresista en lo social en detrimento del catalanismo más radical, y van a echar marcha atrás. Sería una pena. Rufián, pese a sus excesos escénicos, ha sido el mejor parlamentario de esta legislatura, o de los mejores, junto con el portavoz de Bilbu, Oskar Matute, y otros como Santiago, Bustunduy y Mertxe Aizpurúa, y probablemente me dejo a alguna mujer más. Tendría que hacernos reflexionar que justo los representantes de fuerzas centrífugas al Estado español son los que, a la hora de la verdad, demuestran tener más sentido de Estado que las presuntas fuerzas patrióticas, que hacen protestas de un desgarrado amor a España que, al parecer, no incluye a quienes la habitan como y donde pueden (o les dejan). Rufián ha puesto el dedo en la llaga desde el estrado y ha hablado sin tapujos, cantándoles las cuarenta a propios y extraños. Ahora clama por la prudencia y avisa al Presidente, con muy buen sentido, de que no tiene números a su izquierda para disponer de mínimas oportunidades de revalidar siquiera una mayoría tan exigua como la que tiene ahora (¿quién se atreve a remontar casi un 60% de voto a la derecha de algunas encuestas?).

¿No está claro para los politólogos y tertulianos que el legado fundamental de esta legislatura y de este Gobierno de coalición ha sido mantener a raya, fuera del poder, a la derecha radical de este país en un momento en que la marea ultraderechista llegaba a su apogeo en varias partes del mundo, extendiéndose como una mancha de aceite contaminado? Que no hayan aprobado un presupuesto o reformado leyes importantes es lo de menos, mal menor. Han hecho otras cosas, importantes, que todos sabemos. Aguantar esa avalancha arrolladora, ejemplo para Europa, le ha costado parte de su salud al Presidente, sometido a un cerco medieval, inquisitorial, mezquino. Nunca se ha visto un ataque coordinado de representantes del Estado más contumaz, sostenido y rastrero que este que llevamos presenciando desde hace tres años. La democracia española, con este asalto a la Constitución desde quienes deben defenderla ha hecho aguas por todos lados, porque las costuras del Estado se han roto y lo que se ha podido vislumbrar de las asaduras de nuestro régimen político manda un escalofrío a la espina dorsal, especialmente cuando uno escucha a ese dudoso personaje, el Sr. Sayas, tránsfuga de UPN junto con su malcarado compañero de partido, autoproclamándose defensor de la Constitución Española y de la ley, con gran ovación de su bancada. ¡Qué sarcasmo!

Aguantar sigue siendo ahora fundamental y necesario, imperativo, al menos hasta que los dos Estados motores de esta ola reaccionaria y totalitaria, acaben, es de esperar, gripados por otras tantas citas electorales y den lugar a una previsible resaca ultra que no tardará en bañar debilitada las playas de la cordura, la democracia y la diplomacia. Hasta entonces, aguantar, si es posible hasta el verano. Como recetó lapidariamente Andreotti, personaje poco recomendable, es verdad, pero político insumergible: "Culo di ferro!" Buena parte del electorado no comprende, da la impresión, que una parte importante de las calamidades que se ceban en las clases más vulnerables de cualquier país (carestía de los combustibles, de la cesta de la compra y de la vivienda) no son resultado de los errores o la morosidad de los gobernantes solo, sino de fuerzas y decisiones planetarias que hace mucho tiempo ya que son más poderosas que cualquier Estado individual,  abocado a recurrir a sus pobres medios. Si los Estados no se coaligan y contratacan en bloque, poco es lo que se puede hacer. Los especuladores, lobistas y rentistas siempre encontraran caballos de Troya entre la clase política europea y nacional y entre el empresariado poco escrupuloso.

Reflexione, Sr. Presidente, todo lo que quiera, repase algunos párrafos de su Manual de resistencia y entone con media España la frase fetiche que aquel olvidado cómico argentino puso en boca de Felipito Takatún (Joe Rígoli), su personaje estrella: "Yo...SIGO!"


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