Madrid me da pavor (a veces)

Publicado el 24 de junio de 2026, 9:42

Me parece cada vez más evidente que uno de los errores mayúsculos de la reordenación territorial que se hizo durante la Transición con la introducción del Estado Autonómico fue el de crear una autonomía para Madrid y hacer que su capital fuese la misma Madrid, capital además de España. En mis años en Nueva York siempre me chocó que la capital del Estado de Nueva York no fuese Nueva York sino Albany, a un porrón de millas al norte de la ciudad de los rascacielos. En esa medida había inteligencia política, he entendido después. Hay democracias y democracias, por más que la americana no pase por su mejor momento, siendo benevolentes.


Está claro que para evitar la tentación de que el ente autonómico se erija en oposición de facto al poder central, con lo que ello supone de perjuicio para los ciudadanos de la autonomía madrileña, que ven cómo sus servicios y sus asuntos quedan relegados en aras de tareas más urgentes y apetitosas, es prudente alejar sus instituciones de gobierno regional del foro estatal, hoy convertido en una ciénaga de politiqueo, conspiración y connivencia de todas las fuerzas reaccionarias que hacen de la capital madrileña una excepción a la relativa normalidad y mesura que se enseñorea y se palpa en el resto del territorio, con puntuales excepciones. La Sra. Díaz Ayuso no sólo es un peligro para la democracia, es también una amenaza seria para su propio partido, al que ha uncido a Vox, metiendo al PP y a su líder en una posición de la que no son capaces de salir por sí solos. Uno se pregunta dónde están los barones moderados del PP y qué hacen para evitar la deriva alarmante de este partido con vocación liberal siempre frustrada, que a menudo acaba secuestrado por el radicalismo patriotero de su escisión vociferante.


Hoy se ve claramente que la Comunidad de Madrid, en parte por ser una región en la que el gobierno autonómico está en estado de alzamiento permanente contra el poder central, y en parte por ser Madrid domicilio y sede de todas las instituciones estatales, tendría que tener su capital fuera de la ciudad, estableciéndose una separación geográfica y sobre todo mental, con la sede de las instituciones del Estado. Haber incorporado Segovia a la región madrileña, o incluso Toledo, hubiera sido una excelente idea, a mi entender, para trasladar allí sus instituciones. Además, la dilución de los órganos de poder estatales radicados en Madrid por los distintos territorios, cercanos o no, hubiera ayudado a la cohesión y a la mayor conciencia de esos órganos y su personal sobre la diversidad de España. Ello hubiera ahorrado una concentración exagerada de instituciones políticas y eliminado la posibilidad de que esas instituciones establezcan relaciones incestuosas, movidas por objetivos políticos comunes. Yo creo que Madrid es la ciudad de Europa en la que más se conspira. Es el centralismo español, la idea radial de España, tan borbónica, que ha desvinculado a las regiones más sensatas del territorio, Cataluña, País Vasco, Navarra, Rioja, Andalucía de las instituciones estatales, y ha creado esa España invertebrada de la que hablaba Ortega, en la que la periferia vive de espaldas a la meseta y la sufre. La planificación y ejecución de la red de alta velocidad es bastante elocuente a este respecto. Un pulso en toda regla a la interconexión independiente de los territorios.


Ahora mismo parece claro que una sentencia como la que condena a Ábalos y su pintoresco chicote de los recados a penas disparatadas (¡con qué ligereza se habla de los años de cárcel! ¡como si estar metido en un cuarto bajo cerrojo durante años fuera una minucia!) y deja en libertad a un corrupto confeso y agitador, conspirador y acusador sin pruebas como Víctor de Aldama, no sería posible si no se hubiera fraguado en Madrid una connivencia cuasi total y mortífera entre los sectores más reaccionarios de la alta judicatura, algunas fuerzas del orden y la prensa subvencionada y tabloide, a todos los niveles, con las instituciones autonómicas y estatales. A la vista está que Roma sí paga traidores (y además crea figuras insólitas que compiten incluso contra la propia Roma, mitificando figuras como la de este condenado por corrupción que se manifiesta airado contra la corrupción, ¡santo Dios! ¡Y la gente lo jalea!).

Es triste ironía que el proceso delirante y esencialmente provocador contra la esposa del Presidente (no es obra de un juez demente sino de un perverso, que espera que el gota a gota de su tortura china judicial moverá a su esposo a hacer algo ilegal), solo ha causado cierta alarma entre la derecha cuando se ha puesto en solfa la profesionalidad de la policía nacional. El desparpajo y la sensación de impunidad que demuestran sentencias como la de ayer, con sus penas delirantes, propias de serial killers, en las que se diría que se condena menos los delitos que la conducta personal de los acosados, bien expuesta a la vista de todos gracias a las escuchas, una conducta que podrá ser o no digna de repudio, pero no constitutiva de delito, o la meliflua y calmosa campechanía del juez Calama -gato que se relame delante de su ratón Zapatero (pieza de caza mayor de esta campaña), que está quizás empezando solo ahora a comprender en qué clase de ratonera ha ido a caer- permitiéndose recomendar al respetable cierta marisquería (en la que parece que le hacen buen precio) y afirmar que él no es la madre abadesa o que "dato mata relato" (frase de oscuras connotaciones en la España de hoy) dan una idea de qué clase de actores están haciendo lo que pueden, porque Madrid, con Aznar a la cabeza, acompañado por Vox y su cohorte de caraduras y parásitos, que han encontrado en la bandera el cuerno de su abundancia, ha conseguido crear un estado mental en el que muchos ciudadanos de todo el territorio consideran pertinente que la apertura de un proceso penal contra la conducta personal de un expresidente que dejó de serlo hace 15 años conlleve automáticamente la caída de un Gobierno legítimo que tiene sus aciertos y sus errores, pero que ha hecho los deberes en muchos expedientes y casos, gracias en parte a la concurrencia y presión de sus socios. No se juzgan los presuntos delitos de J.L. Rodríguez Zapatero, parece, sino su apoyo de campaña al PSOE que fue esencial para que la coalición pudiera revalidar su mandato hace tres años. Un proceso instrumental está viciado de origen. Zapatero no podrá repetir su campaña en 2027, eso está claro.


A mí ese Madrid, el que está ya y el que se anuncia, no es que me mate, es que me da auténtico pavor. Ese Madrid en el que unas joyas viejunas guardando polvo en una caja fuerte pueden hacer tambalearse a un Gobierno y en el que más de 7.000 ancianos dejados morir en sus camas mediante un protocolo oficial son solo una simple nota de pie de página en una tragedia tenebrosa como la pandemia, que unos "familiares resentidos" quieren suscitar por motivaciones políticas.

Verdaderamente, duele ver a mi ciudad de adopción, tan querida, convertida en ese patio de Monipodio de la mentira, la manipulación y la conspiración, en estado de ebullición permanente, sin dar tregua, enfebrecida, como de guerra civil incruenta y larvada, en el que cualquier disparate puede ser normalizado y jaleado de la noche a la mañana. Madrid se merece algo mejor (entre otras cosas un alcalde y una presidencia autonómica a la altura de su relevancia, de su capitalidad y de su historia).


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